Según palabras de Sheila, cuando adquirió a Phoebe sabía que no iba a ser una relación 50/50, pero no sabía lo desequilibrada que iba a estar, decía Sheila ante unos más que sorprendidos periodistas y defensores de los derechos de los animales.
Al parecer es más normal de lo que pensamos, según los terapeutas, "la gente puede llegar a tener relaciones no saludables cuando pierde la objetividad", explica Marty Tously, que afirma que los vínculos humano-animal se desvirtúan cuando esperamos que nuestro perro sustituya a otras personas. El mayor porcentaje de víctimas son de sexo femenino, son solteras, sin hijos y de mediana edad. Tienen necesidad de una relación afectiva profunda y la buscan en un adorable perrito dispuesto a quererlas sin condiciones.
Y así es como fue al principio, confesaba Sheila. "y creo que sé cuando empezaron a cambiar las cosas. Todo comenzó cuando le quité su sitio en casa de un amigo. Mi amigo, tiene una casa muy bonita, grande y empecé a notar que Phoebe disfrutaba enormemente todo aquel espacio y esas sillas lujosas. Le prestaba especial atención a las almohadas y el colchón italianos. Cuando nos íbamos y llegábamos a nuestra casa, me miraba de un modo distinto a como lo hacía antes. Inclinaba ligeramente su cabeza, como pidiendo respuestas, y como no las obtenía se iba a dormir al sofá y me dejaba sola en la cama. Esto se convirtió en un hábito: siempre que hacía algo que a ella no le gustaba, o no le compraba ropa de diseño o sus juguetes preferidos, me castigaba ignorándome, a veces incluso durante días"
"Pero el abuso real llegó cuando le quitaba la correa en parques públicos, a ella le encantaba jugar con otros perros y correr en libertad. De pronto comenzó a seguir a otras personas y a tratar de subirse desesperadamente en sus coches. La gente la miraba y sonreía, pero yo sé lo que estaban pensando "este rechazo público es muy difícil de ignorar"
"Ahora vamos a terapia para parejas caninas, yo no quiero renunciar a nuestra relación"
En fin, pobre perra...


