Un grupo de investigadores de la Universidad de Padua (Italia), analizó la capacidad de los perros para reconocer a sus dueños. En el estudio, se demostró que si el dueño tiene la cara tapada, el perro presta mucha menos atención.
Paolo Mingollo y su equipo, en la primera parte del experimento, metieron a un perro en una habitación vacía en la que, de forma alternativa, iban entrando el dueño y otra persona a la que el perro no conocía. Las dos personas recorrían el cuarto en direcciones opuestas, para medir la atención que el perro les prestaba, y luego salían por puertas distintas.
La mayor parte del tiempo, el perro seguía a su dueño y se quedaba al lado de la puerta por la que había salido.
Luego las dos personas se cubrían el rostro al entrar al cuarto. Y fue en esta fase, cuando los perros prestaron mucha menos atención a sus dueños, lo que demuestra que los reconocen de forma importante por los rasgos del rostro. "Es probable que esto sea el resultado de miles de años domesticando a los perros", explicó Mingollo.


