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Opinión

¿Emociones o instinto? ¿Está Cesar Millán realmente equivocado?

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Viena, pone de manifiesto que los perros podrían tener rangos de emociones más complejas de lo que hasta ahora se pensaba, entre ellas los celos y el orgullo.

Algunos expertos en educación canina que siguen técnicas de educación clásicas, entre ellos Cesar Millán, son muy criticados por parte de la comunidad de Etólogos, que opinan que sus métodos no son realistas ni eficientes y que son crueles para con el perro, al que hay que entender.

La discusión básica es si el perro tiene emociones parecidas a las humanas o si actúa por instintos ancestrales hereditarios.  

La visión clásica opina que a pesar de que a todos nos encantaría que nuestros perros tuvieran emociones humanas, por desgracia no es el caso, y el hecho de que sientan emociones, no quiere decir que las debamos interpretar como las nuestras.

Por supuesto los perros reaccionan  ante determinadas situaciones, el por qué es lo que deberíamos preguntarnos.

Las emociones caninas reflejan a veces los sentimientos humanos, es decir, tu perro puede sentir perfectamente si tú estás triste, alegre, nervioso, estresado... somos como transparentes para ellos en este aspecto. Lo que debemos entender es que ellos no leen las emociones como deberían en todos los casos o no las comprenden. Cuando estás cargado de energía negativa o de emociones negativas, tu perro reaccionará acorde a este sentimiento, aunque no sepa qué lo ha causado. Simplemente notará una debilidad y reaccionará. Su instinto natural es seguir un orden, una estructura. En su estructura, pertenece a un grupo humano y cuando algo no le guste lo comunicará gruñendo o mordiendo.

El nuevo bebé:

¿Por qué los perros comienzan a actuar de modo diferente cuando llega un bebé a casa? Las razones verían mucho, y todas dependerán de cómo los dueños interpreten las reacciones del perro. ¿Son realmente celos o simplemente trata de evaluar el lugar que tiene el nuevo miembro de la manada?

La visión clásica dice que el perro se sentirá confundido ante el nuevo miembro de la familia, no sabrá cual es su lugar y las emociones que recibirá del resto de miembros de la familia serán nuevas para él.

Lo importante es que el perro se sienta como un miembro de la familia pero debe aceptar que el recién llegado tiene un lugar más alto que él. Necesita aprender nuevas reglas desde el primer momento en que llegue el bebé. Si los humanos transmiten enfado cada vez que el perro se acerca al bebé o huele sus cosas en lugar de enseñarle firmemente que el bebé tiene su propio espacio al cual no se le permite acceso, el perro reaccionará de un modo que probablemente nunca haya mostrado antes. Esto no es la emoción humana de los celos, es una reacción hacía un nuevo miembro del grupo y ante señales equivocadas de los humanos.

Otros perros 

Otro punto del estudio sugiere que hay perros que odian ver a sus amos siendo cariñosos con otros perros. La duda es si los perros sienten celos o simplemente un exagerado sentido de la propiedad, "tú eres su humano" y ningún otro perro debe acercarse a sus pertenencias, o puede que no quiera admitir a otro miembro en su manada. Quizá sienta un cambio de emociones en el perro o en el humano que le haga reaccionar.

Injusticia

Hasta ahora, cuando un perro volvía su cara y bajaba su mirada se había considerado sumisión: el perro acepta que el líder es otro y respeta su liderazgo. Las nuevas tendencias, estudios científicos, interpretan este comportamiento como emocional: si tenemos a dos perros haciendo un ejercicio, los dos lo hacen correctamente pero sólo premio a uno de ellos, el otro perro bajará la cabeza y se irá, lo que puede interpretarse como enfado o malestar ante una situación injusta. ¿Están interpretando los científicos esta reacción de modo correcto? ¿Realmente es enfado o simplemente un modo de actuación instintivo y heredado? Si un científico no es experto canino, puede malinterpretar las reacciones de un perro y dotarlas de emociones humanas. Al fin y al cabo, todos tendemos a interpretar las situaciones que presenciamos de acuerdo a nuestros propios sentimientos.

Otro de los ejemplos que ponían en el estudio es que un perro siente estrés cuando se le ignora. El caso concreto era este:

Los perros que son ignorados nos ofrecen su pata muchas menos veces, sólo 13 de 30 y además tienen nivel de estrés mayor. El estudio concluye que esto es porque el perro se siente ignorado lo que le provoca malestar.

Visión clásica: ¿Es que acaso a los perros les gusta darnos la pata? ¿O es que a nosotros nos gusta que nos la de? Un perro nos ofrece su patita por una recompensa, cuando la recompensa no existe no hay motivo para el perro para darnos la pata. ¿Estrés? No es raro que un perro que recibe señales confusas se siente estresado.

El mayor problema de dotar a un perro con emociones humanas es mandar señales equivocadas: si interpreto que mi perro siente celos, probablemente mi reacción será ir a consolarle, cuando me vuelva la espalda iré a abrazarle, acto que según la visión clásica puede ser interpretado como debilidad por el can: creerá que su líder no es fuerte y se verá en la obligación de liderar él la manada, para asegurar así su supervivencia. Esto significará insubordinaciones y mal comportamiento.

 En cualquier caso, la correcta interpretación del comportamiento canino es muy importante para su supervivencia. Muchísimos perros son sacrificados por mal comportamiento, pero la culpa no es suya.

Muchos expertos clásicos afirman que lo peor que se le puede hacer a un perro es dotarlo de emociones humanas, ya que lo confundimos y fomentamos mal comportamiento y que estudios como éste, al malinterpretar las reacciones caninas, hacen más daño que aportar beneficios.


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