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Opinión

La responsabilidad de cada uno

Un juez ha condenado a prisión y a una indemnización de 5000 euros a un joven extremeño que incitó a sus perros a atacar a otros dos chicos de su misma localidad.

El suceso ocurrió hace dos años cuando los dos jóvenes atacados recriminaron al dueño de los perros el comportamiento de éstos, aunque no se ha especificado qué estaban haciendo. En este momento, el joven condenado  se acercó a los chicos que le increpaban y ordenó a sus perros que les mordieran.

El ataque provocó heridas de gravedad en las víctimas, una de ellas estuvo dos meses de recuperación.

Ahora, un juez ha condenado al agresor a 1 año de prisión y a pagar 5000 euros de indemnización a las víctimas, una sentencia bastante benevolente desde mi punto de vista, teniendo en cuenta que las consecuencias del ataque podrían haber sido mucho peores y también teniendo en cuenta que este tipo de delitos se suelen cometer de modo reincidente. 

El daño que se ha hecho a la imagen de la raza es sin embargo irreparable. Cada vez que hay un ataque de un perro a una persona, se recorren muchos pasos atrás en la lucha contra la prohibición de ciertas razas de perros. En la mayoría de los casos, tal y como ha ocurrido en éste, la culpa no es del perro sino del dueño, pero a efectos prácticos esto no influye, porque la mayoría de la población sigue culpando al perro y a su raza, considerando que la solución es su prohibición.

Lo único que debería prohibirse es que ciertos sujetos tuvieran acceso a ningún otro ser vivo, sin embargo. Cada vez que alguien utiliza un perro como arma, está creando un daño irreparable al perro, a su raza y todos aquellos que luchamos por un trato justo a los animales. A este tipo de personas se les debería prohibir volver a tener una mascota, ya que la manera en la que la utilizan no es ética y si es capaz de atacar a sangre fría a otro ser humano, nadie puede asegurar que no haga lo mismo a los animales que posee, o que la próxima vez que utilice a sus perros para compensar su cobardía y dar rienda suelta a su agresividad el daño que cause no sea mucho peor.

Somos muchas las voces que pedimos un cambio en la Ley contra Perros Peligrosos, que no funciona y es disparatada de principio a fin. Casos como éste demuestran que el peligroso es el dueño, no el perro. No podemos olvidar que el perro también es una víctima de este tipo de sujetos, a los que no se les debería permitir su tenencia. En esto debería centrarse la ley.

Lo bueno, es que ante estas situaciones y sin el apoyo de una legislación justa todos podemos ayudar, y los pasos necesarios para generar un cambio están al alcance de cualquier persona. Está en nuestra mano mostrar rechazo social a este tipo de personas, reportar abusos e intentar educar a las personas que nos rodean, para que estas situaciones no se repitan. Si no hacemos nada por cambiar las situaciones injustas a las que nos enfrentamos ¿qué diferencia hay entre nosotros y ellos?


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