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El desarrollo de los perros

Desde que adquirimos un cachorro de perro, suele empezar la aparición de problemas del comportamiento, debido normalmente al estar el perro en un medio pobre en estímulos, como puede ser el criadero, una tienda de mascotas, etc.

Las personas que adquieren un perro y tienen desconocimiento total sobre el desarrollo de éste, deben estar bien asesorados. Incluso, hay veterinarios o criadores que no cuentan con formación en comportamiento canino, por eso tenemos que ser prudentes a la hora de elegir nuestra fuente de información.

En el desarrollo del perro todo es importante, incluso influye muchísimo las condiciones en las que el cachorro nació, las condiciones del criadero o establecimiento donde este futuro amigo ha sido criado.

En el transcurso del primer año de vida, tienen lugar la gran mayoría de los aprendizajes y el desarrollo del sistema nervioso central del perro.


Periodo de Socialización:
El período de socialización es el más importante en un perro. A este período se atribuye la génesis de los problemas de comportamiento, debido esencialmente a un empobrecimiento o a una perturbación del desarrollo comportamental: socialización insuficiente a la especie canina o a la especie humana, miedos, fobias o ansiedad ante diversos estímulos.

Este período de socialización se comprende entre los 21 días hasta las 21 semanas de vida, y culmina dos etapas del desarrollo previas que son el período neonatal (0 a 15 días) y el período de transición (15 a 21 días). Se menciona también al período prenatal.

En estos tres períodos el animal va a adquirir competencias senso-motoras (en el período prenatal, del día 42 al día 38 el animal habrá adquirido el sentido táctil). Estas son:

Período neonatal:
Día 0 a día 2: inicio del apego a la madre
Día 0 a 15: orientación táctil, reflejo de hurgar positivo (para mamar), reflejo labial positivo
Día 0 a día 5: fase de flexión (predominio de los músculos flexores)
Día 5 a 18: fase de extensión (predominio de los músculos extensores)
Día 18 y más allá: fase de normotonía (tono normal)
Día 0 a día 21-28: reflejo peri-anal positivo


Período de transición:
Día 10 a 16: abre los ojos
Día 16 a 21: inician las vocalizaciones complejas
Día 20 a día 25: orientación visual
Día 15 a 18: autonomización motora


Período de socialización:
Entre día 21 y 25: reflejo de sobresalto positivo, audición funcional,
Día 21 a día 90-120: impronta (fuerte sentido de pertenencia social a la madre),
Día 28: mueve la cola en situaciones agradables,
Día 30 a 35: principio de la adquisición de la mordida inhibida,
Día 40 y 45: busca husmeando el sitio de sus deyecciones precedentes,
de 3 meses hasta un año: desapego de los machos.


Durante este período:
E
ntre las 3 y 5 semanas el cachorro de perro es atraído por todos los seres vivos que encuentra, cualquiera sea la especie. Desarrolla un apego a estos individuos
Después de las 5 semanas la atracción por los nuevos seres disminuye y, al mismo tiempo comienza una aversión para estos individuos


Recomendaciones para la inserción del cachorro en la familia

Los cachorros nacidos en la familia:
No manipular a los cachorros antes del tercer día de vida.
Ejercer manipulaciones de intensidad creciente iniciando con simples caricias.
Evitar manipular a los cachorros durante los períodos de sueño.
Cuando el cachorro abre los ojos (en el día 15) asociar la madre a cualquier manipulación.


Cachorros de menos de tres meses:
Apoyar el apego a un miembro de la familia, preparando el sitio para dormir impregnado del olor de la persona elegida.
Enriquecer el medio con juguetes, personas...
Favorecer los autocontroles durante el juego, imponiendo fases de terminación del juego, desvalorizando la excitación mediante la indiferencia y sancionando el mordisco.
Obligar al cachorro a esperar que finalice la comida de los amos antes de servirle su propia comida.
Iniciar el desapego hacia los cuatro meses: rechazar los saltos sobre el amo, alejar el sitio de dormir y suprimir el olor del ser de apego.
Favorecer el contacto con perros adultos.


Cachorros de más de 3 meses:
Comenzar muy rápidamente el desapego, no valorizando más que los contactos con el grupo entero.
Mantener todas las demás reglas enumeradas anteriormente para cachorros de menos de tres meses.
Apego y desapego están ligados; el apego debe siempre ser seguido del desapego. Esta secuencia no es observada por muchos propietarios de animales quiénes por otra parte no han recibido una adecuada asesoría, y tiene por consecuencia la aparición de las ansiedades de separación (destrozos, vocalizaciones excesivas cuando el dueño sale de casa o el cachorro es alejado de las habitaciones para ser puesto en azotea, traspatio o jardín).

En el período de socialización se establecen las jerarquías, es decir el perro es un animal que vive en manada y debe aprender y reconocer a su dueño estableciéndose una relación de sumisión - dominancia no siempre ejercida, la cual da lugar a conflictos jerárquicos: saltos sobre la persona, fases de excitación prolongada, agresión, y otros desajustes.

Durante la socialización, el animal reconoce a sus congéneres (nace en el seno de una camada y se desarrolla en ella, la cual es sustituida por la familia donde es adoptado). Cachorros insuficientemente socializados que se habrán desarrollado en medios pobres en estímulos (perreras mal entretenidas con poco personal, cachorros aislados en tiendas de mascotas por períodos prolongados, cachorros vendidos de más de tres meses en perreras o en tiendas de mascotas) van a presentar problemas de comportamiento que deberán ser atendidos, si no queremos que este animal sea una fuente de conflicto incluso familiar teniendo por consecuencia el abandono del animal, su relegamiento y hasta su sacrificio mediante eutanasia.

Bajo este entorno educar un perro es indispensable y más que nada enriquecer su medio mediante estímulos.

Sin embargo la educación está lejos de corresponder al estado de bienestar que todo animal debería tener: Castigos como golpes con periódicos, golpes pronunciados con puño, patadas, escoba u otro enser doméstico, encierro en el baño, amarrado en el jardín, la azotea o el traspatio son algunos de los castigos ejercidos para corregir las secuencias comportamentales inadecuadas. Muchos de estos castigos son ejercidos después de la secuencia comportamental y en consecuencia son percibidos como una agresión por parte del perro que en ocasiones la contesta. Esta contestación de la autoridad puede ser mediante el gemido, gruñido, ladrido y hasta la mordida. Otros castigos como pueden ser el papel periódico suavemente sobre la espalda pueden ser tomados como una invitación al juego. Restregar la nariz en orines o heces no tiene otro significado para el perro que reconocer sus propias feromonas. Nótese que muchos de esos castigos son el reflejo de los que se aplican a niños.

Por otra parte la gran mayoría de los perros serán atendidos por sus propietarios de regreso del trabajo o por la ama de casa, la cual propiamente tiene además de educar al perro otras actividades en ocasiones más importantes que atender.


La educación del perro
Educar a un perro no debe representar un ejercicio que ocupe más tiempo del que el dueño del animal tenga para ocuparse de este. Debe representar un momento agradable donde se combinará el juego con refuerzos (premios, caricias o palmadas) y paseos que se puedan disfrutar. Debemos vigilar así, los saltos al llegar o saliendo de casa hacia miembros de la familia o invitados; la limpieza del perro que consiste en actuar cuando esté haciendo sus necesidades en lugares prohibidos; las llamadas de atención cuando el animal rasque la tierra de las macetas, muerda los muebles o el tapete, la ropa o se muerda la cola; el paseo sin tener que ser jalado por el perro sino caminando a la par, tranquilamente; cuando intente fugarse; cuando pretenda agredir; cuando recoja o hurte desperdicios o basura; cuando se masturbe sobre algún mueble o la pierna de una persona pueden corregirse en el momento.

Educar a un perro es saber poner límites.

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